El Cementerio de Montmartre no es una metáfora, es un cementerio que tienen en Montmartre. Según se ve, en Montmartre mueren las personas y van a parar al cementerio.
Tras esta introducción astrudiana, queda claro que es el cementerio situado en el conocido como barrio de los pintores, artistas, etc, etc… Sí, ese que está todo en cuesta y queda coronado por la basílica del Sacre-Coeur (Sagrado Corazón).
Últimamente, más que por los pintores (que ya no viven allí los Latrec, Cezanne y demás, sobretodo porque han muerto, pero también porque ya sólo viven allí los que intentan colarles cuadros a los turistas) se le conoce por haber albergado en sus calles el rodaje de la película Amelie.
De hecho, la cafetería de los “Dos Molinos” donde trabajaba la protagonista, sigue ahí, en la Rue Lepic (aunque coronada por un cartelón con la foto de ella que la empaña). Una gran calle, Lepic, que posee tiendas de quesos, de embutidos, de flores e incluso una de Bande Desinée (comics)! Ah bueno, y al final, por si alguien quiere, está el Moulin Rouge. De todo, de todo…
Pero yo he venido aquí a hablar de mis muertos. Y a eso voy: El cementerio de Montmartre. Es el segundo más famoso de París y contiene casi a tantos famosos como el de Perè-Lachaise, o más. Eso sí, da una impresión más cementerial que los dos anteriores, al haberse construido en una antigua mina y estar por debajo del nivel de las casas y calles de alrededor. ¡Tanto es así, que hasta pasaba una calle por encima y algunas tumbas estaban bajo un puente metálico! Era raro, pero bueno… No sé que pensarán los que vivan ahí abajo. O mueran, vaya. O lo que sea.
La cuestión es que por el cementerio había desniveles y algunas tumbas quedaban por encima de otras, en pequeños parterres. Por lo menos, era curioso, puesto que proporcionaban unas vistas tétricas de lo más interesantes.
Aunque bueno, para tétricas, algunas ideas maravillosas del equipo del cementerio. Se les ocurrió marcar que una zona no se podía visitar porque la acababan de desinfectar poniendo… este cartelito:
Qué gran idea visual. Se estarán partiendo la caja (torácica y huesuda) los habitantes del lugar, vaya.
Por cierto, al fondo se puede apreciar la tumba de François Truffaut. Es la negra brillante. Vamos, esta:
Una pena que no pudiéramos acercanos más a honrar al director, pero nos dio yuyu la calavera. Igual que con François nos pasó con Alejandro Dumas, que estaba en la “Zona Prohibida” y no lo pudimos ver..
A quienes sí pudimos ver (entre otros) fue a: Sthendal (sí yo también la esperaba ver en Rojo y Negro, pero nada).
A la Goulue… Sí, la Goulue, amigos. La “creadora” del Cancan francés! O eso reza la lápida.
Una mujer que se ganaba la vida unas calles más abajo y que todos habéis visto infinidad de veces, de la mano de Toulouse-Latrecc, aquí:
Aunque claro, se refiere al baile, porque de la música se encargó este señor: el maestro Offenbach. Como veis, el cementerio era muy “de barrio”.
También estaba por allí Focault y su péndulo…
Sax y su Saxo (fue el inventor)…
Degas y su familia Gas…
Y Nijinski, el bailarín, y su indescriptible tumba.
¿Acojona verdad? Pues aún no habéis visto nada.
Porque tú vas paseando tranquilamente (todo lo tranquilamente que puedes al estar rodeado de muertos) y de pronto, te encuentras con esto:
El tamaño es gigantesco. El de la estatua. Del… “detalle” ya no hablo, pero me parece impresionante que un señor decida ser recordado así, en una especie de pose escatológica y a la vez pervertida. Y con esa cara. No supimos nunca si era un señor famoso, pero en nuestros corazones permanecerá siempre. Terrorífico.
Pero no más que tumbas como esta de un hortera romántico y dramitas:
O esta de un señor al que su familia quería tanto que lo dejó enterrado bajo un montón de mierda. O algo así:
Otras tumbas nos dejaron más impresionados por su estética entre hortera e imposible, como esta:
Que al parecer era de una cantante conocidísima, de origen egipcio…
Eso sí, el cementerio tenía otros grandes lugares dignos de ser recordados y que, como no, jamás aparecerán en las guías ni mapas. Lugares como el de reposo de este pobre entrenador, que tantos disgustos sufre por culpa de los demás (él es perfecto) y tanto llora:
O el siempre concurrido Bar Henry!
Un lugar perfecto para tomar esa cerveza y pasar el tiempo… muerto!
En resumen: Un cementerio con mucho encanto y que entraña grandes misterios sobre muertes y decisiones artísticas póstumas muy discutibles. Pero eso sí, no esperéis una respuesta a estos enigmas. No podrá ser. Nadie lo va a descubrir nunca porque… porque él está muerto también. Y claro, no se sabe de qué, porque el único que iba a averiguarlo era él.
























































Acaban de pasar...